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Hace un par de días una mujer fue asesinada por su pareja luego que ella le advirtiera que lo denunciaría a las autoridades por violencia intrafamiliar. Él sacó su pistola y le disparó en plena calle, peor aún, frente a sus dos hijos de 10 y 4 años.

Este horrendo crimen ha sido un recordatorio cruel de que la violencia de género si existe y que es necesario dirigir la mirada hacia esas mujeres que sufren maltrato en el hogar. Solo en 2016 hubo 524 mujeres asesinadas en el país, es decir, una de cada 5 mil.

El feminicidio es la forma más extrema de violencia hacia la mujer efectuada por hombres que en la mayoría de casos son sus parejas o personas cercanas a ella. El Salvador ocupa desde hace algunos años uno de los primeros lugares en feminicidios a nivel mundial, detrás de Siria y Lesoto, y es el primero en América Latina.

¿Pero quiénes son culpables de esta situación? ¿Las mujeres?

Claro que no. Muchas personas juzgan a las mujeres maltratadas por no denunciar, por no enviar a prisión a su agresor, por no ser capaz de abandonarlo. Sin embargo, existe todo un sistema económico, de creencias y costumbres que obligan a la mujer a aguantar todo ese calvario.

La mayoría de la población y las instituciones del Estado  se encargan de señalarlas sin garantizarle condiciones que las protejan cuando denuncian, que les ayude a independizarse económicamente de su pareja, la mayoría de veces las mujeres que sufren violencia no sienten el apoyo de la familia, de la sociedad, del Estado.

Ahí hemos fallado como sociedad, todas y todos somos responsables de la violencia que sufren las mujeres, algunas personas más que otras. Somos responsables porque sabemos qué mujeres están siendo víctimas y nos callamos, lo ignoramos y giramos nuestra vista a otra parte.

El Estado es culpable porque en sus tribunales, los pocos casos que llegan, son tratados con prejuicios, basados en opiniones y creencias personales, sin poner en práctica la ética profesional y las leyes que protegen a las mujeres.

Paremos la violencia desde nuestra familia, no esperemos a que mañana, esa mujer asesinada sea mi hermana, mi madre, sea usted.

ADES Santa Marta, caminando con la gente hacia un futuro mejor.

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